Estructura Social de las Mantarrayas

Estructura Social de las Mantarrayas

Estructura Social de las Mantarrayas

Las interacciones de las mantarrayas

Durante mucho tiempo se ha creído que las mantarrayas son básicamente solitarias, pero en la actualidad se sugiere que son más sociables de lo que se ha pensado. A decir verdad, el comportamiento de las mantarrayas no ha sido observado con mucha frecuencia como en el caso de otros peces y animales acuáticos, pero los expertos tienen algunos datos seguros.

Normalmente, las mantarrayas nadan de forma solitaria pero interactúan con otros organismos de su misma especie durante el cortejo y el apareamiento. El proceso de cortejo es particularmente importante ya que las mantarrayas son animales polígamos y copulan con varios individuos a lo largo de su vida. Cuando los machos detectan una hembra receptiva comienzan a seguirla. Pero no creas que son dos o 3 machos, se trata de unos 25-30 individuos que se colocan uno detrás de otro para seguir los movimientos de la hembra y competir por ser “el mejor” para aparease con ella. Esta formación recibe el nombre de “tren de apareamiento” y es una de las interacciones sociales más evidentes de las mantarrayas.

El macho escogido se aparea con la hembra durante unos segundos. Regularmente, ambos individuos se separan y no vuelven a unirse o vincularse; si la hembra da a luz meses después no provee cuidados parentales a su cría de modo similar al de los mamíferos ya que las pequeñas mantarrayas nacen completamente independientes y no necesitan ser alimentadas con leche materna. Por lo tanto, la relación entre una madre y su cría es muy reducida.

Se han observado grandes grupos de hasta 50 mantarrayas durante las migraciones, nadando a través del océano siguiendo una línea recta.

Agrupaciones

Lo anterior puede hacer parecer que las mantarrayas son una especie de seres muy poco sociables. Pero, en contraste, muchos individuos han sido vistos con asiduidad juntos en las llamadas estaciones de limpieza, conformando grupos de agregación. Estas estaciones son zonas de arrecife coralino donde permiten que peces y otros organismos pequeños consuman o eliminen los parásitos y el tejido muerto de su cuerpo. Se ha notado que las hembras asisten con más frecuencia y pasan mayor tiempo ahí que los machos, quizá porque ellos tienen que dedicar mucho tiempo para buscar hembras receptivas. Algunas mantarrayas regresan a la misma estación varias veces durante un período de tiempo que puede abarcar varios años e incluso toda su vida.

En ocasiones, las reuniones de mantarrayas son más complejas. Las zonas ricas en plancton son visitadas por razones obvias, y es común que se formen grupos grandes. Por el momento no está claro si se relacionan en función de alguna jerarquía de dominancia, pero la fidelidad a las estaciones de limpieza y sitios de alimentación varía de acuerdo con la edad y por supuesto, el sexo, como se ha mencionado.

Se han observado grandes grupos de hasta 50 mantarrayas durante las migraciones, nadando con gracia a través del océano y siguiendo una línea recta. No es extraño que de vez en cuando salten fuera del agua en un probable intento de eliminar parásitos externos, de jugar o de comunicarse. Cabe mencionar que durante estas interacciones sociales no demuestran un comportamiento territorial y son capaces de asociarse con otros peces, mamíferos y aves marinas.

Las mantarrayas no representan un peligro para los seres humanos, pero si son molestadas, naturalmente se defienden.

Su relación con los seres humanos no es muy relevante, ya que el contacto entre ambos es poco habitual en muchas regiones. En los últimos años han ido popularizándose las actividades de buceo con mantarrayas, lo que puede resultar poco benéfico para ellas puesto que muchas personas tratan de “montar” sus cuerpos sin saber que podrían eliminar la capa de moco que las protege de infecciones.

En términos generales las mantarrayas no representan un peligro para los seres humanos, pero si son molestadas, naturalmente se defienden y pueden infligir heridas.

Algunos científicos toman en cuenta el tamaño de su cerebro para sugerir relaciones sociales más complejas, aunque hasta el momento esto no se ha comprobado.